3.5.10
Au Revoir
18.11.09
Agustín Lara
26.10.09
Vuelvo la siguiente semana...
Abrazos culturales.
19.10.09
Pedro Infante
Hay nostalgias de todos los tipos. Las hay lindas y sepias, perdidas, frecuentes, las hay que nos hacen suspirar, enojarnos y las que nos hacen sonreir y la nostalgia, la melancolía, el recuerdo, las enmarcamos todas dentro del mismo cuadro, porque generalmente nos evocan a la misma persona o lugar, cosa, momento o sensación. Son una cosa truculenta los recuerdos, porque lejos de permanecer como sucedieron o se sintieron, se van modificando del mismo modo que nuestra vida lo hace; es decir, los recuerdos permanecen, y no. Además nada puede hacerse con los ellos, sino hasta que lentamente dejan de ser recuerdos y se convierten en olvidos... y eso no sucede siempre.
Hay también recuerdos que no sólo nos pertenecen, sino que inevitablemente compartimos con mucha gente, que se transforman en códigos en común, que sin que lo notemos van formando parte de nuestra constitución identitaria. Justo para ejemplificar está el programa y éste conocido personaje de hoy, que probablemente había obviado durante todo éste tiempo por el simple hecho de que nos, (y un poco a pesar mío) me pertenece tanto.
Yo no sé si éste cliché del mexicano entequilado y doloroso sea cierto en la generalidad, lo que sí sé es que cuando menos (exceptuando el traje de mariachi) más de alguna vez ha sido cierto para mí.
¿Lo mejor? Las voces off...
6.10.09
Edith Piaf

Y los secretos, las tragedias, también tienen lugar dentro de la nostalgia y el recuerdo. No quizá por el mismo motivo que las memorias lindas, tan importantes que resulta imposible olvidarlas. Las tragedias crean, obvio, vidas trágicas de personajes entrañables, en todo el sentido de la palabra, en el que nos hace entender que nos remueve la tripa, porque tenemos todos un poco (o mucho) de instinto dramático dentro de nosotros. Las vidas trágicas además, están llenas de peripecias incomunes, sobre todo las trágicas existencias de los artistas. Hay montones de vidas trágicas entrañables. La de Edith Piaf es una de esas.
30.9.09
Uno de esos días...
Gracias a que ahora arreglan calles por la Ibero (y no cuando yo tenía que ir todos los días, hmpf) me tomó la vida entera llegar a un retorno cuando había decidido ya que no llegaba al programa. Y blogger no me dejaba publicar mi entrada. Y me duele la espalda. Y mi pelo se esponjó. Y el vecino guapo me vió con cara de "que rara estás hoy". Todo. Como Mafalda, hoy entré a la vida por la puerta de atrás.
Ahí la vemos la siguiente semana.
23.9.09
Musica de pelis: Almodóvar

9.9.09
Nos vemos entonces el miércoles 23 que, dicho sea de paso, es mi cumpleaños.
Yay!
2.9.09
The Rolling Stones

Cuando recién entré a la universidad y era una joven e ingenua flor primaveral me gustaba el ingenierillo más cara-de-patán que haya visto. Le llamábamos (o le llamaba yo, que las mujeres solemos bautizar con nombres tontos a los que nos gustan) Don Lindurón, porque era grandote. Tomaba a veces clases en un salón al lado del mío. Ahora que ya ha pasado un buen rato puedo ver que realmente lo que me gustaba de él era su cara de malote.
Y bueno, no voy a develar el, oh, infinito secreto de las relaciones humanas por simplemente decir que a las mujeres nos gustan los chicos malos. Será la sensación de que los chicos malos son invariablemente divertidos, que de las "cosas malas" se tienen siempre mejores anécdotas, la cosquilla de pensar que si contaras esas anécdotas, nadie las creería.
Chicos malos de la música hay muchos. Probablemente son los más.
Chicos malos que hacían falta aquí: Los Rolling Stones
Vean, como los chicos malos no pasan de moda: Mick Jagger y Lenny Kravitz en un video que no pongo porque sí, sino... ¿Por qué no?
25.8.09
Ella Fitzgerald

Volví. Me extrañaba a mí misma siendo la persona que extraña la música viejita. Ya casi hace un año que tuve a bien dejar de hablar sola en mi casa acerca de tal o cual canción, que tiene eco y resonancia en tantas memorias propias, para encerrarme en una cabina y decirlas al micrófono con la esperanza de que fueran escuchadas por alguien y que a pesar de hacer en esencia lo mismo, me dejara sentir que lo hacía para alguien más.
No hay que malentender; en este casi-año de transmisiones (con su debida intermitencia) no he dejado de ser la misma egoísta musical que he sido, si no siempre, cuando menos durante un buen tiempo. Finalmente los recuerdos no se transmiten nunca en su totalidad. Lo que más bien he aprendido es que muchas veces la nostalgia tiene pares, nunca idénticos, pero que pueden alinearse y que esos encuentros, fortuitos o provocados, crean futuras nostalgias nuevas que vale la pena ir atesorando; para encontrarlas luego ya cafecitas y avejentadas, más grandes que antes.
Y bueno, hay una tradición que dice que para regresar, hay que hacerlo en grande; y grande grande se me ocurrió sólo Ella Fitzgerald.